Érase una vez… Carlos el Malo y Juan el Bueno

“…Y no midiendo el rey su herror con la lima de la razon, fue tan riguroso en los castigar que excedio su crueldad en la puente de Miluce en muchos justiciados con boca hediente de la sangre de sus subditos tanto los limites de justicia y raçon, que fue lastima de ver la carniceria que hizo, por donde se resabiaron tanto contra el los del reyno que por todos fue llamado el Malo.”

(Crónica de los muy excelentes reyes de Navarra de Diego Ramirez de Avalos de la Piscina. Fragmento, siglo XVI)

Moneda de Carlos II

Érase una vez un joven rey llamado Carlos, apodado “El Malo“. Pertenecía a la Dinastía de los Capetos (la misma dinastía que dio origen a los Borbones, a la familia real inglesa actual o a los Duques de Luxemburgo).

Su madre, Juana era la heredera del trono de Francia, pero fue apartada del trono por su tío, Felipe V de Francia y Navarra —apodado “El largo”— que asumió las dos coronas a la muerte de su hermano y promulgó un decreto que prohibía reinar a las mujeres en Francia, aunque olvidó decretar lo mismo para Navarra.

Philippe V le Long por Jean Du Tillet. Biblioteca Nacional de Francia.

Pero una maldición cayó sobre el usurpador… Y es que murió sin hijos varones (el 3 de enero de 1322), tuvo cuatro hijas, decían que “por castigo divino” por haber apartado a la auténtica heredera al trono. Así pues, la Corona de Francia, no quedó en sus descendientes y pasó a su hermano Carlos. Pero el castigo no terminó ahí, Carlos no era el elegido “grate dei” para vestir el manto real… la maldición acabó con él en 1328, y con dos hijas por descendencia a las que no podía dejar la corona por la ley de su hermano. Las coronas de Francia y Navarra estaban en el aire…

Aprovechando estos problemas dinásticos, los navarros se desligaron de la corona gala, destituyeron al gobernador enviado por Francia y acordaron nombrar a Juana, junto a su marido Felipe de Evreux, reyes de Navarra, el mismo año que moría Carlos IV.

En Francia, tras reclamar la corona Eduardo III de Inglaterra —nieto de Felipe IV de Francia— se acordó que entronizar al primo de Carlos IV, desencadenando con esto la conocida Guerra de los Cien Años.

An illuminated manuscript miniature,c.1430-40, of Edward III of England

Parece ser que con Felipe VI se terminó la maldición y sí pudo dejar su corona, en 1350, a su hijo Juan, al que apodaron “El Bueno”, simplemente porque era “buena gente”.

Los “secesionistas” navarros, Felipe III y Juana II, tuvieron un hijo al que llamaron Carlos, el cual, con 17 años y a la muerte de su madre, fue coronado Rey. Desde ese día juró vengar las injusticias que había sufrido su madre y declaró la guerra a la corona francesa, reclamando todos los territorios que le correspondían por herencia legítima. Carlos, desde ese día, no consintió que nadie se alzara en su contra y por su violento reinado, éste es nuestro Carlos del principio de la historia, “El Malo”.

Ilustración de Carlos II por F.Guizot

Para evitar problemas, Juan “el bueno”, ofreció la mano de su hija de 8 años, Juana de Valois, a Carlos “el malo”. El monarca francés creía que, convertido en el «hijo del rey», Carlos abandonaría sus pretensiones a la corona. Además de este matrimonio, durante las negociaciones, también se acordó el la entrega de territorios que estaban prometidos al Condestable de Francia, Carlos de la Cerda, con lo que lo que ganó Juan no fue la paz con Carlos, sino el cabreo de un español, algo que no era muy acertado por entonces.

Juan el Bueno, rey de Francia

Como Carlos de la Cerda, al que llamaban “El Español” era un hombre muy poderoso; y también porque trasladó a su ejército a Normandía para presionar al rey… Este le devolvió lo acordado y apartó a Carlos de Navarra de los asuntos franceses. Con lo que ahora, al que cabreó, fue al navarro.

El hermano de Carlos, el infante Felipe de Navarra, de visita por Francia se encontró en una posada con Carlos de la Cerda y el mismísimo Juan II. Intercambiaron insultos, el condestable insultó a la familia navarra llamándolos avariciosos y Felipe amenazó de muerte a éste con su daga. Juan II, que como decíamos era “buena gente”, logró calmarlo, dialogar y detenerlo. El Español abandonó la posada, se dice que por orden del Rey, soltando maldiciones y cagándose en todos los muertos de los navarros.

Toma de Saint-Jean-d’Angély, 7 de agosto de 1351. La pequeña población abrió sus puertas sin resistencia al presentarse ante ella el rey Juan II de Francia al frente del ejército acompañado por Carlos de la Cerda.

Casi un año después, en 1354, Felipe y su hermano, el rey Carlos, acudieron junto a sus hombres a una posada conocida con el nombre de una bestia medieval: “Truie-qui-File“, en donde le habían avisado que Carlos de la Cerda iba a pasar la noche.

Querían dar un buen susto al condestable y entraron en la posada armando jaleo. La cosa se les fue de las manos y armaron una auténtica carnicería, todos los soldados franceses acabaron muertos y “El Español” atravesado por la espada de Felipe. —Otras fuentes afirman que a De la Cerda se le asesinó en su propio castillo, en L’Aigle, por Bascon de Mareuil, Rodrigo de Uriz y cuatro sirvientes más.

Retrato de Carlos de la Cerda, condestable de Francia. Louis Charles Auguste Couder (1326-1354)

Acababan de matar a la persona más poderosa de toda Francia. ¿Cuáles serían las consecuencias?

Carlos El Malo decidió asumir toda la responsabilidad del asesinato y exculpar a su hermano Felipe. Así, con esos término,s escribió a Juan El Bueno. Él había matado al Español en una riña de posada.

Juan no podía perdonar esta ofensa, aunque quisiera, y Carlos era consciente de eso.El navaro se alió con los señores normandos, pidió préstamos a banqueros flamencos para organizar un ejército y solicitó ayuda militar a Eduardo III, que como sabemos reclamaba la corona de Francia. Con estos “argumentos”, e informado Juan el Bueno de los mismos, decidió evitar la guerra y aceptar la firma del Tratado en Mantes (al norte de Francia) por el que el propio Carlos le “devolvía” las fortalezas que Juan le había cedido próximas a París (Asnières-sur-Oise , Pontoise y Beaumont) y a cambio recibía el condado de Beaumontle-Roger, el vizcondado de Pont-Audemer y las castellanías de Lonches y Bréteuil, en Normandía Oriental, y los vizcondados de Valognes, Carentan, Coutances y Avranches, en Normandía Occidental.

Vista de Cherburgo en el siglo XVII

Carlos el Malo se encuentra ahora en una posición fuerte, nunca ha sido más poderoso que ahora.

El 15 de abril, 1356, Juan II, finalmente se tomó la revancha. Junto con un grupo de seguidores, interceptaron a Carlos de Navarra y lo apresan. Debía de ser fácil coincidir en los caminos y posadas de Francia, seguramente al poseer tantos castillos y señoríos los nobles viajaban muy a menudo.

Arresto de Carlos de Navarra en el Castillo de Ruan.

Poco después, Juan II se tuvo que enfrentar a los Ingleses en la batalla de Poitiers en septiembre de 1356, en donde será capturado y enviado a Londres. Allí pasará su cautiverio (unos 3 años) dedicándose a la caza y a las justas y en donde no le faltó de nada, cumpliendo cautiverio como le correspondía por rango.

Captura de Juan el Bueno en Poitiers.

Carlos el Malo abandonaría entonces la prisión, ahora sin Juan por medio podía reclamar la corona francesa para sí. El de Navarra tenía intenciones de entrar en París y proclamarse Rey, pero cuando el 21 de julio de 1358 fue asesinado su principal aliado, el poderoso comerciante Étienne Marcel, y renunció a sus intenciones. El 2 de agosto el Delfín Carlos, hijo de Juan, entró en París y fue acogido con entusiasmo por la ciudad.

Tras esto vino la guerra, Carlos el Malo controlando la Baja Normandía y obteniendo numerosas victorias contra las tropas del Delfín se acercaba a París cada vez más. Enterado de esto, Juan, decide negociar con el monarca inglés de una vez por todas —a sabiendas de que gran parte del ejército de los navarros era inglés. Trató los términos en enero de 1358 y aceptó lo que fue el primer tratado de Londres, que entregaba la soberanía de casi 1 tercio de Francia a la casa Plantagenet, además de 4 millones de escudos por su rescate.

Eduardo III ante Berwick. Miniatura de Loyset Liédet, Crónicas de Froissart, BNF, Fr.2643.

En junio de 1359 fue sellada la paz definitiva también con los navarros. Carlos mantenía todas sus propiedades y recibía otras, además se le devolvía el privilegio de entrar en París. Aunque ahora el problema era Eduardo III de Inglaterra que, habiendo recibido muchísimos territorios en Francia, partía para reclamar la corona.

Eduardo plantó su ejército ante París y forzó una negociación. Volvía a recibir más territorios y el pago, esta vez sí, de unas 400.000 coronas de oro. Pero como garantía para el pago del resto de la deuda se llevó como rehenes a los hijos del Rey Juan: Luis de Anjou y Juan de Berry.

Retorno de Juan el Bueno a Inglaterra, ilustrado en las Grandes chroniques de France de Jean Froissard.

Juan trató de reunir el dinero para el rescate, pero no pudo hacer el pago, ya que su hijo Luis de Anjou se escapó del cautiverio poniendo en graves aprietos a Francia, teniendo que partir hacia Inglaterra el propio Rey para entregarse y evitar la invasión inglesa.

Juan el Bueno morirá allí, en Inglaterra, pocos meses después. Sus restos fueron devueltos a Francia y hoy reposan en la basílica de Saint-Denis.

¿Qué fue de Carlos el Malo?

Pues siguió reclamando señoríos y dominios a Juan, siempre alegando ser heredero legítimo por vía de sangre. Aunque nunca conseguía tomar posesión de ellos. También intentó envenenar al hijo de Juan —el Delfín Carlos— en varias ocasiones, pero no lo consiguió.

Carlos morirá el 1 de enero de 1387 de una muerte de esas que no se le desean a nadie, siempre según la cultura popular, ya que esta muerte no está reseñada en ningún documento de los archivos del reino de navarra. Según dijeron en su época: había sido “justicia divina”. Cuando Carlos enfermó, su médico ordenó que se le envolviera de los pies a la cabeza con trapos empapados en brandy con azufre, al terminar de vendarlo sobraba un trocito de tela. Para quitar ese trozo de tela, en vez de coger un cuchillo o unas tijeras, por miedo a lastimar al rey, al curandero se le ocurrió usar una vela para quemar en sobrante… Debía de tener mucho alcohol ese brandy porque la llamarada fue fulgurante. Falleció tres días después de ser quemado vivo en su habitación.

El 2 de enero un médico hebreo llamado Samuel le extrae el corazón y las entrañas, enviando el primero a Santa María de Uxue y las entrañas a Santa María de Roncesvalles, como había dictado en el testamento.

Moneda de Juan II

La época en la que sucedió el reinado de Carlos el Malo y Juan el Bueno es una de las más ricas en curiosidades y leyendas de la Edad Media europea.

Fuentes:

  • Gran Enciclopedia de Navarra
  • Bibliothèque de l’École des chartes, Volumen 3;Volumen 6;Volumen 8 (1846)
  • En la España Medieval, Volumen 26 (2003)
  • Donde se escriuen las vidas de los Reyes de Nauarra. Escrivese Tambien La /…/ (1628)
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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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