El saqueo inglés de Abisinia

En 1867-68 el ejército británico invadía Abisinia (la actual Etiopía), el único país de África sin colonizar, debido a que el emperador Teodoro II había encarcelado a unos misioneros y al segundo cónsul inglés —el capitán Cameron— para forzar un envío de armas y expertos militares, que el soberano etíope, exigía a la reina Victoria. Al parecer su ejército se estaba debilitando al enfrentarse a las incursiones turcas que llegaban a través del Mar Rojo atravesando Eritrea. El emperador se sentía ignorado por las potencias Europeas y no se le ocurrió otra cosa que presionar a Inglaterra de esta manera.

No sólo no consiguió lo que pretendía si no que fue la excusa perfecta para la invasión británica de su imperio.

Guerreros Abisinios en 1868

Los ingleses entraron en Abisinia en diciembre de 1867 desde el Golfo de Zula (Eritrea) llegando a la capital del Imperio en la fortaleza de Magdala, en abril de 1868. Cuentan que desplazaron a 13.000 efectivos del ejército de Bombay con sus 44 elefantes y unas 30.000 de mulas, en 280 buques, para realizar la campaña que fue un éxito militar (especialmente de ingeniería militar) y propagandístico para la reina Victoria.

Las tropas británicas en su imparable avance provocaron que las tribus partidarias del Emperador abandonaran su causa, dejando a este prácticamente sin ejército. Las tropas mandadas por el oficial de ingenieros Robert Napier, se enfrentaron en la Batalla de Magdala, en abril del 68, a las escasas tropas imperiales (unos 4.000 hombres). Los abisinios sufrieron una aplastante derrota, muchos huyeron, y su emperador Teodoro II se suicidó, curiosamente con una pistola que le había regalado la reina Victoria.

El cuerpo del emperador Teodoro II de Etiopía tras su suicidio

Tras esta victoria, y ante la mirada atónita de la reina y su hijo, los ingleses saquearon la fortaleza real de Magdala robando los tesoros imperiales abisinios y todas las reliquias que encontraron, desde joyas a libros religiosos pasando por ropajes y objetos personales de los monarcas. A continuación incendiaron la fortaleza y las iglesias que había en su interior.

Magdala ardiendo

Tras la batalla el cuerpo de Teodoro fue incinerado y depositado en una iglesia cercana. Cuando terminó el sepelio por el emperador, soldados del 33 regimiento saquearon la iglesia robando todas las cruces de oro, plata y latón así como piezas de artesanía en madera.

Debemos saber que 1866, Teodoro II, decidió abandonar la antigua capital del Imperio llamada Gondar, ya en ruinas, retirando todos las joyas y tesoros de sus iglesias y unos 900 manuscritos de sus bibliotecas. Todas estas riquezas fueron concentradas en Magdala.

Grabado de alguna de las piezas saqueadas (El Museo Universal 27 de junio 1868)

En Londres, por supuesto, Napier fue nombrado Barón de Magdala en reconocimiento a su logro. También fue nombrado Caballero Gran Cruz de la Orden del Baño (Order of the Bath) y en Gibraltar, donde sirvió como gobernador años después (entre 1876 y 1883) se nombró una batería en su honor.

La prensa internacional se hizo especial eco de las piezas obtenidas en la campaña de abisinia mostrando numerosísimos grabados, basados en fotografías y dibujos que enviaban los oficiales de ingenieros y que ilustraban las maravillas saqueadas cuyo destino sería engrosar los fondos de los museos ingleses.

The ilustrated london news, presumiendo del saqueo efectuado a los etíopes

Aunque no todos los artículos robados fueron a pasar a los museos ingleses, muchos se los quedaron los oficiales, suboficiales y soldados que efectuaron los saqueos. Por eso se pueden encontrar piezas abisinias de esa época en colecciones privadas, museos y bibliotecas de toda Europa.

Veamos algunas de las piezas que pertenecen actualmente a las colecciones británicas:

El 15 de mayo de 1868, pocos días después de la derrota de Magdala, la reina murió, al parecer de una enfermedad pulmonar. Un informe publicado en la prensa británica (The Ilustrated London News) describía su funeral y daba la siguiente nota:

Las posesiones de la Reina serán enumeradas por nuestro agente político en Adén y enviadas por barco a la Secretaría de Estado de la India.

El destino de las posesiones de la fallecida fue el siguiente: Museo de South Kensington (el actual Victoria and Albert Museum); al que serían enviadas desde la India en 1869. En el listado que acompañaba la mercancía aparecían dos batas de algodón ricamente decoradas con bordados de seda; un manto; pulseras de plata, pulseras y anillos; dos colgantes ‘amuleto’ de cuero, plata y ámbar y un pasador de pelo plateado con florón decorativo.

Vestido de la reina Woyzaro Terunesh, 1860. Museo no. 399-1869 (V&A Museum)

A ese mismo museo envió —sin pasar por la Oficina de la India— el cronista de la expedición, el comandante James Holland envió en abril de 1869 un par de tobilleras de plata, un (Oromo) Collar ceremonial, un par de pendientes y dos cruces procesionales.

A la vista de la cantidad inmensa de tesoros que se remitía a Inglaterra, el Museo Británico, comisionó a un agente llamado Richard Holmes que trabajaba en el departamento de manuscritos, para conseguir piezas que aun se hallasen en poder de los soldados participantes en los saqueos. Logró así enviar, en 1872, una corona de oro y un cáliz que —según estudios recientes— pertenecían a la emperatriz Mentewwab depositados en una de las iglesias asaltadas desde 1740.

En honor a la verdad, cabe destacar, que el rey Jorge V entregó personalmente al futuro emperador Haile Selassie en su visita a Inglaterra en 1925 una de las coronas de Teodoro II junto a algunas piezas que pertenecían a los ajuares imperiales etíopes, al menos eso afirma el Victoria & Albert Museum.

Robert W. Moore, The Coronation of Haile Selassie. 1931
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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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