Se dice que Carlomagno fue el arquitecto de Europa, que en su reinado se trazaron las pautas de muchas de las naciones hoy día conocidas. Fue un defensor de la unidad europea, implantó el latín como lengua oficial en una geografía plagada de dialectos e idiomas y mantuvo, por la fuerza, las fronteras de su imperio a salvo en todos sus frentes, defendiendo a la vez su expansionismo y los intereses del nuevo gran poder emergente: El Papado.

Carolus Magnus

A la muerte del emperador Teodosio I, se dividió el Imperio Romano en dos. Oriente floreció convirtiéndose con el tiempo en el Imperio Bizantino; en cambio la parte Occidental se desmoronó bajo las divisiones internas, malas gestiones y presiones bárbaras. Los germanos y después los hunos remataron a este “reino” moribundo.

En la zona de los Países Bajos, Bélgica y Francia se instalaró una comunidad de pueblos procedentes de Baja Renania y de los territorios situados inmediatamente al este del Rin (Westfalia) que se conocerían como los Francos.

Los Francos

 

Clodoveo, por medio de la fuerza militar, unió las diferentes tribus francas e instauró una única fe: la cristiana, instaurando así la dinastía Merovingia y el reino de los francos.

En medio de un caos de divisiones territoriales entre los merovingios sube al trono el segundo del reino: Pipino III, destronando a Childerico III. Es así como llegan los Carolingios al poder, los cuales consolidan y amplían el reino franco de nuevo con el reinado de Carlomagno (768-814) coronado en el 800, por el Papa León III como Emperador del Imperio Romano de Occidente.

Coronación de Carlomagno
Coronación de Carlomagno

El poder del reino franco con Carlomagno en el trono era notable; aliado del Papa, enemigo de los sarracenos, receloso de Bizancio y superior a los reinos colindantes. Carlomagno comenzó a verse como heredero legítimo de Roma, y como tal, debía recuperar el esplendor del pasado, con la cultura y el arte como estandarte.

Sabía de las potencias vecinas, musulmanes y bizantinos; de sus bibliotecas y sabios, de sus escribas y arquitectos… y se veía en la necesidad de superarse a sí mismo. Un rey no podía ser analfabeto, y sus nobles tampoco. Empezó a tomar lecciones de escritura, a preocuparse por la lectura, por la historia, las matemáticas y las ciencias.

Alcuino y otros clérigos presentan manuscritos a Carlomagno en el Palacio de Aquisgrán, ante su corte. Pintura de historia de Jean-Victor Schnetz, 1830.
Alcuino y otros clérigos presentan manuscritos a Carlomagno en el Palacio de Aquisgrán, ante su corte. Pintura de historia de Jean-Victor Schnetz, 1830.

Escogió Aquisgrán como capital política-religiosa del imperio, en un intento por forjar una nueva Roma, como los bizantinos hicieron en su día en Bizancio. La rivalidad con estos empujó a Carlomagno a construir un suntuoso palacio en Aquisgrán, como anécdota es necesario saber que el conjunto palatino fue adornado en su mayoría con los expolios de Rávena, ciudad Bizantina en el pasado, ocupada por los lombardos en el siglo VIII, de la que se levó estatuas, mosaicos, muebles e incluso columnas romanas para su nueva ciudad. En el nuevo palacio y bajo su protección quiso unir al mayor elenco de eruditos de toda la cristiandad; así, con la ayuda del teólogo y pedagogo Alcuino de York, fundó la “Escuela Palatina. Allí se comenzaron a formar los nobles francos y a lsus hijos de estos. Poco a poco las mentes más brillantes de la época enseñaban en Aquisgrán, los libros de antigüedad clásica y de los padres de la iglesia eran copiados en sus escriptorium, y de la “Palatina” surgieron grandes proyectos artísticos y arquitectónicos.

Surgió en ese entorno un estilo propio a imagen de la cultura romana, recuperando formas y técnicas latinas, aunque también innovando y añadiendo pequeñas cosas de los avances vecinos, formando así las bases del futuro románico.

Alcuino de York
Alcuino de York

Eudes de Metz fue el mayor exponente de la nueva arquitectura, influenciado por los textos clásicos que circulaban en la Biblioteca Palatina, como “De architectura” de Vitrubio, planeó numerosos proyectos a lo largo del imperio. Su principal obra fue el palacio de  Aquisgrán, y dentro de este se destaca la Capilla Palatina, hoy día convertida en Catedral de Aquisgrán, después de ampliaciones posteriores.

Reconstrucción del Palacio proyectado por Eudes de Metz
Reconstrucción del Palacio proyectado por Eudes de Metz

Para facilitar la copia de textos instauró un tipo de fuente constituido por minúsculas, mucho más rápido para escribir y más claro y legible. Aristóteles, Cicerón, Gayo Salustio… Pasaron a formar parte de las estanterías de las Bibliotecas del imperio franco, puesto que Carlomagno ordenó a los monjes bajo su mandato que copiaran el modelo de la “Palatina” en sus templos: copiar, enseñar y dar acceso a la cultura. Fue esto un claro ejemplo a seguir para las nacientes escuelas monásticas y por supuesto un antecedente de las funciones de las órdenes religiosas, como la de Cluny, que comenzaron a expandirse fundando grandes conjuntos monásticos impulsados por el rey y escuelas para difundir la fe y la cultura.

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Eguinardo, biógrafo de Carlomagno, era el encargado de supervisar las obras del imperio. Esculturas, mosaicos o pinturas al fresco debían respetar las formas del arte romano aunque con las licencias heredadas del arte paleocristiano y bizantino.

Los palacios y edificios religiosos usaban una planta de cruz latina de tres naves, el típico y latino arco de medio punto y pilares cuadrados cruciformes.

Eguinardo, "inspector" del Imperio
Eguinardo, “inspector” del Imperio

Como legado de este humanismo y afán de recuperación del pasado nos han quedado la mayoría de los textos de las bibliotecas carolingias.

Es posible que sin el trabajo de los francos el legado de los hombres del pasado se hubiera perdido para siempre.

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