El partido de fútbol de la muerte

¿Qué hay de verdad en la mítica historia del Partido de la Muerte?

Aquella cult movie del gran John Houston acababa con final feliz. El equipo de fútbol liderado por Pelé, Ardiles, Michael Caine o Silvester Stallone, entre otros, conseguía empatar 4-4 con los nazis y los jugadores aliados escapaban entre los aficionados gracias a que estos se saltaban al césped a felicitarles por la hazaña conseguida. Era Evasión o Victoria (1981). Todo un éxito de taquilla que hoy día no puede faltar en la videoteca de cualquier aficionado al deporte rey y a la Segunda Guerra Mundial.

El equipo formado por prisioneros de guerra (grandes futbolistas y estrellas de Hollywood) que se enfrenta a los nazis en la película ‘Evasión o Victoria’, de John Houston.

Sin embargo, la verdadera historia de heroísmo y valentía en la que se inspira aquel épico film tuvo un desenlace bien diferente. ¿Pero qué hay de verdad y de propagandístico en la mítica historia del Partido de la Muerte?

Al parecer, la Unión Soviética idealizó en demasía la gesta para enaltecer la figura de la resistencia ucraniana -y por ende rusa, ya que por aquél momento Ucrania pertenecía a la URSS– frente a la Alemania de Hitler. Veamos pues hasta qué punto.

La historia popular cuenta cómo tras una Kiev devastada por los germanos, el único entretenimiento para los ciudadanos era el fútbol. Tras una década gloriosa como la de los años treinta, en la que había una Liga bien organizada y estructurada, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el avance alemán hacía el Este hicieron que el balompié nacional se detuviera en mitad de la temporada 41/42 tras la ofensiva conocida como Operación Barbarroja.

Los grandes equipos de entonces eran los rivales en el terreno de juego del Dinamo y el Lokomotiv de Kiev y los hombres de una y otra formación que no fueron reclutados por el Ejército Rojo comenzaron a buscarse la vida tras la disolución de la Liga. Muchos y variados oficios fueron los que empezaron a desempeñar: carpinteros, herreros, panaderos e, incluso, barrenderos.

Caso éste último del gran portero del Dinamo Mykola Trusevych, quien encontraría un hueco laboral quitando el polvo en la panadería de un provechoso comerciante de Kiev. Fue precisamente éste, un tal Josif Kordik e hincha del Dinamo, quien se propuso formar un nuevo equipo de fútbol de viejas glorias e impulsar un campeonato local durante la primavera de 1942. De ésta forma, el guardameta recorrió las calles de la ciudad a la búsqueda de sus compañeros así como a los del Lokomotiv.

El cartel oficial sobre el partido impreso por la administración alemana.

Algunos vivían en la indigencia y su estado físico era deplorable. Otros habían sido hechos prisioneros por los nazis y nunca más se supo de ellos. En definitiva, consiguió reunir a un considerable grupo humano que a ojos de todos no tenían la más mínima pinta de futbolistas: famélicos y casi desnutridos. Poco a poco, y con una sana alimentación, los jugadores fueron tornándose en lo que una vez fueron. Sus fuerzas comenzaron a ir hacia arriba y con el entrenamiento adecuado volvieron a darle patadas al balón. Lo que siempre supieron hacer y que tan bien hacían.

Y así, en junio de ese mismo año, el flamante FC Start jugó su primer partido frente a otro combinado local llamado Rukh. 7-2 fue el resultado. La cosa prometía y el empresario Kordik, de origen alemán, se frotaba las manos pues su pequeña fortuna se veía incrementada un poco más por las victorias de su prometedor club.

Quizás fue la económica la verdadera motivación del panadero para formar un equipo de fútbol. A partir de aquí, sus encuentros se contaban por goleadas. La calidad de quienes habían estado antaño en la élite futbolística era evidente. Resultados tales como 11-0, 9-1 ó 6-0 así lo atestiguan. Tanto triunfalismo del flamante equipo no pasó desapercibido para los oficiales de la Wehrmacht. De esta forma, las fuerzas armadas alemanas formarían su propio conjunto llamándolo Flakelf y que se mediría por primera vez al todopoderoso Start el 6 de agosto de 1942. La derrota germana fue contundente: 5-1. La moral de una ciudad ocupada y sumida en el oscurantismo nazi subió como la espuma. Los jugadores se convirtieron en héroes y su popularidad aumentó.

Sin embargo, no contentos por la imagen ofrecida y por la derrota mental que supuso a los portadores de la esvástica, los perdedores exigieron la revancha. Algo a lo que no se pudieron negar, ante el evidente enfado y lo que esto podría suponer. El segundo encuentro se jugó 72 horas después.

Como en la famosa película de Hollywood sonó el himno de Alemania y todos los jugadores fueron obligados a alzar su brazo, como mandaban los cánones del Tercer Reich. Los ucranianos se negaron. Como en la película, el árbitro designado por los ‘locales’ se encargaría de no cometer ningún fallo pues se trataba de un oficial de las SS. Y como en la película, las faltas y el juego marrullero por parte de los componentes del Flakelf fue una constante durante los noventa minutos. Incluida una patada en la cara al portero soviético que le provocó una grave lesión. Algo que tampoco supuso que se pitara falta ante el desconcierto de la grada y la desesperación de los jugadores. Aun así, al descanso del partido el Start ganaba 2-1 (otras fuentes hablan de 3-1).

En ese momento un alto mando de la Wehrmacht bajó a los vestuarios y advirtió al valiente once de las graves consecuencias que supondría una derrota alemana. Ni cortos, ni perezosos, hicieron caso omiso a las amenazas y antepusieron su orgullo y coraje al miedo. Sabían que todo aquello era más que un partido de fútbol y que una victoria daría alas a las esperanzas de libertad de una población hundida. Y así ocurrió. Según la leyenda soviética, los tantos marcados por los ucranianos en la segunda mitad fueron de libro.

Uno de los antiguos jugadores del Dinamo, Goncharenko, mandó el balón a la red tras regatear a toda la zaga alemana. Y, por su parte, el defensa Oleksey Klimenko haría lo propio en la recta final del partido, aunque para humillación germana no marcó. Dribló al portero rival y optó por un vergonzoso indulto lanzando el esférico a la grada. Un gesto que encumbró aún más al FC Start. Con el pitido final el marcador mostraba un gran 5-3.

Foto de los jugadores de ambos equipos, tras el encuentro, y que desmontaría la épica historia. Se les ve a todos sonrientes y satisfechos.

Días después, la Gestapo arrestó a varios jugadores alegando como motivo su pertenencia al  NKVD –la Policía represora de Stalin-. Sufrirían la tortura hasta la muerte. El resto del equipo fue enviado al campo de prisioneros de Sirets, donde hombres como Klymenko, el portero Trusevich e Ivan Kuzmenko serían ejecutados en febrero de 1943. La historia se haría popular por aquellos integrantes que sobrevivieron y por un artículo en la prensa local que dio la vuelta al mundo. En 1971 un monumento escultórico a los futbolistas muertos fue inaugurado en el Estadio del Zenit en Kiev por el escultor Iván Horovyi.

Sin embargo, setenta y dos años después, la historia aún suscita debate y el último superviviente de aquella épica balompédica ha desmontado el mito al completo. Vladlen Putistin es hijo de Mikhail Putistin, uno de los jugadores ucranianos que se enfrentó en aquel encuentro y que también participó en él como mozo recoge-pelotas cuando tenía ocho años.

No creo que fuera un partido tan violento como se ha contado. Había mucha tensión, pero nada que no fuera lo normal de unos rivales dignos de este deporte. De hecho, tras los noventa minutos se tomaron varias fotografías en los que se ven a jugadores de uno y otro equipo posando en actitud cordial y amistosa.

Entonces, ¿qué ocurrió realmente? Pues según las palabras de este anciano que se decidió a contar su verdad hace un par de años, los arrestos y asesinatos de los futbolistas no fueron una consecuencia directa de los resultados de sus partidos contra los nazis. Es más, un tribunal de Hamburgo estableció en 2005 que no hay relación alguna entre ambos hechos. Vladlen contó que tras el fin de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética es cuando comenzaron a desmitificarse muchas de las ‘gloriosas’ hazañas que su país había vivido durante la Segunda Guerra Mundial.

El futbolista Mikhail Putistin y su hijo.

Fue la compleja maquinaria propagandística de la URSS la que intentó diseñar  una sociedad e idiosincrasia que sirviera como modelos tanto a sistemas políticos opresores como capitalistas. Putistin comenta que su padre se salvó, pero que aquellos que no tuvieron la misma suerte fueron ejecutados por su vinculación con el Partido Comunista y con el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos o NKDV. De esta forma, se les interrogaría infringiéndoles el máximo dolor pero sin éxito. Al no soltar palabra alguna la Gestapo decidió quitarles la vida o enviarlos a campos de trabajo y dar así ejemplo a la población de Kiev de qué es lo que le sucedería a quienes intentasen traicionar al Führer y sus planes expansionistas.

Siete décadas después sabemos también que tras la guerra circularon rumores de acusación contra el FC Start de colaboracionismo con los nazis. O sea, todo lo contrario de lo que pensábamos hasta ahora. Tanto es así, que una película rusa estrenada en 2012 y titulada Match aborda precisamente esa opción.

A raíz de aquel film comenzaron a circular artículos en prensa sobre la supuesta simpatía que Hitler despertaba entre los jugadores ucranianos de aquella historia. De hecho, Vladlen Putistin llevó a varios medios de comunicación hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estraburgo por insinuar que solo los informadores lograron esquivar el pelotón de fusilamiento.

Según un artículo publicado hace algunos años por el Diario Marca, los poseedores de boletos para el partido del 9 de agosto de 1942 siguen teniendo en la actualidad libre acceso a los partidos del Dinamo de Kiev. Mientras, a las puertas del Start Stadium, una imponente estatua de inconfundible inspiración en el realismo socialista sigue recordando la gesta de los futbolistas que eligieron ganar antes que vivir. Alguien dijo una vez que ni todas las verdades son ciertas, ni todas las mentiras son falsas. Los que amamos el fútbol y preferimos el mito nos quedamos con la leyenda del Partido de la Muerte y su espíritu de lucha.

Monumento a los jugadores del Partido de la Muerte, de Anatoly Kharechko (1981). Start Stadium, Kiev, Ucrania.

Fuentes:

  • Bibliografía: ‘Los pies del soviet’, de Mario Alessandro Curletto (2010) // ‘El fútbol a sol y sombra’, Eduardo Galeano (1995). artículos en prensa: ’69 años del Partido de la Muerte’ (2011).
  • Filmografía: ‘Evasión o Victoria’ (1981) // ‘Dos mitades llamadas infierno’ (1963) // ‘Tercer Tiempo’ (1964) // ‘The Game’ (2012). documentales: ‘La historia del FC Start’, de ESPN -en España lo emitió Movistar Plus- (2012) 
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David Rodríguez C. | @muyhistoria

Periodista 3.0, escritor e investigador. Apasionado de la II Guerra Mundial y de la Historia en general. Todo el día de aquí para allá.

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