Seguro que os acordáis de la historia que contaba Julio Verne en “La vuelta al mundo en 80 días”. Un elegante caballero británico, Phileas Fogg, abandona su vida para cumplir con una apuesta realizada entre sus colegas del “Reform Club”, en la que se comprometía a dar la vuelta al mundo en sólo ochenta días, jugándose la mitad de su fortuna. Pues bien, esta historia es algo similar solo que fue “real” y ocurrió en 1907.

También en un club londinense: el National Sporting Club; un caballero mantiene una distendida conversación con sus colegas. Afirmaba que era capaz de dar la vuelta al mundo sin que nadie supiera quién era, y que para esto se ayudaría de una máscara de hierro que le ocultaría el rostro.

Libro de Steve Holland sobre el viaje

Dos de aquellos miembros del club salieron aquella tarde y continuaron su charla sobre la apuesta. Eran el señor Lonsdale y su colega norteamericano John Pierpont Morgan. La conversación fue escuchada por un hombre que no pudo evitar pegar la oreja, era un tal Harry Bensley, cliente habitual de burdeles y las peores tabernas de los suburbios londinenses.

Bensley se ofreció para formar parte de la apuesta en calidad de aventurero, para que los ricos filántropos efectuaran su apuesta sin arriesgarse, pidiendo parte de la recompensa. La apuesta entre Londsdale y Morgan establecía que Bensley recibiría 21.000£ si era capaz de completar la apuesta, aunque el reto no quedó exento de condiciones.

Algunas de las condiciones eran:

  1. No puede ser identificado nunca
  2. Debería pasar por una lista de ciudades británicas que se le facilitaría
  3. Recorrería otras 125 ciudades de 18 países diferentes
  4. En cada ciudad deberá recoger la firma de un residente famoso
  5. Comenzará su viaje con 1 libra en el bolsillo
  6. Nunca se podrá quitar la máscara
  7. No se podrá cambiar de ropa, únicamente la ropa interior
  8. Su único equipaje será un carrito de bebé
  9. Deberá intentar que alguna mujer se quiera casar con el, a lo largo de su viaje, a pesar de llevar máscara

Para asegurarse de que Bensley cumplía estas condiciones se pagó a otro hombre para que lo acompañase en todo momento, es el hombre con bigote que aparece siempre junto a el en las fotos. Fotos con las que hacía una especie de postales que imprimía para vender a 5£ durante su viaje; y con las que hizo bastante dinero.

Comenzó su viaje en Londres, en Trafalgar Square, el 1 de enero de 1908. Se hizo unos carteles y unas “camisetas publicitarias” que le facilitaron mucho las cosas, ya que así era fácilmente reconocido por la prensa en las ciudades que visitaba.

Supuestamente, viajó durante seis años y medio. Durante su viaje, se reunió con el rey Eduardo VII del Reino Unido (padre del rey Jorge) al que le vende una tarjeta postal con su fotografía -por 5£- y del que consiguió un autógrafo. Al parecer tuvo problemas con la justicia en el condado de Kent, por vender esas postales sin licencia. Fue detenido, pero la policía al escuchar su historia, decidió no quitarle la máscara y dejarlo ir por una pequeña multa.

Tras 6 años, cruzó 12 países y recibió cerca de 200 propuestas matrimoniales (de las que no aceptó ninguna), un diario ofreció una recompensa de 1000£ para quien pudiera identificarlo. Su estrategia fue muy buena, la prensa local siempre se hacía eco de su llegada a la ciudad y solía encontrar patrocinadores que le pagaban las fotografías a cambio de poner su nombre o logotipos en las camisetas que usaba para las fotos—todo un visionario de la publicidad por cierto.

Fotografía patrocinada en Italia

Al estallar la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, Bensley estaba en Italia. Solicitó un aplazamiento de la apuesta y se unió al ejército británico. Según las crónicas de la época los filántropos le dieron 4000£ como compensación que donó a la caridad. Fue herido en la guerra en 1915. Como resultado de la revolución bolchevique, las inversiones que Bensley tenía en Rusia y de las que recibía alguna que otra renta perdieron su valor y se quedó sin dinero en 1917. Morirá en 1956 en Brighton.

Caricatura de Bensley como tramposo por Jim Westergard.

Aunque, en honor a la verdad… según cuentan muchos autores de curiosidades históricas británicas, Bensley se inventó todo esto de la apuesta. Lo ideó en la cárcel, mientras estaba detenido por alguna de las peleas en las que estaba involucrado. Los filántropos nunca existieron y la máscara la pidió prestada. El carrito pertenecía a su vecino, que hizo el papel de acompañante, y viajó por toda Europa haciendo dinero y fama a costa del invento de la apuesta. En otros artículos que hablaban de su mentira se decía que las mujeres con las que se casaba eran la misma mujer, a la que se le había ofrecido parte del dinero, que se adelantaba a las ciudades a las que iba a llegar.

Noticia en la que se narra la mentira del hombre de la máscara de hierro en 1908

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