Donde muere mi caballo, muero yo

Ante las belicosidad de las tribus rifeñas y la escalada de violencia sufrida en las cercanías de las plazas españolas en África, el Gobierno de la Regente —María Cristina—, decide reforzar las guarniciones. Con ese motivo, entre marzo y abril de 1848, traslada a Málaga el regimiento de caballería de Lanceros “Numancia” nº14.

Lámina que presenta la uniformidad del Regimiento entre 1847-1850

El coronel del regimiento, Luis Bessieres, recibe orden del Capitán General de Granada de nombrar un escuadrón para reforzar la plaza de Melilla, que por sorteo, le corresponde al 1º. José Rufián, su capitán, recibe la orden de embarcar poco después para trasladarse allí. El 12 de abril llegarán al muelle, permaneciendo en el interior de la plaza.

Será en junio, en concreto el día 14, cuando reciben la orden de salir al campo exterior para cargar contra un harka que se acercaban cada vez más a la plaza violando las líneas fronterizas. El regimiento abandona el refugio de las murallas, forma y sale al paso. En cuanto establecen contacto visual con el grupo de indígenas, Rufián ordena el ataque. Como decían las ordenanzas prusianas:

“El rey prohíbe a los oficiales de su Caballería, bajo pena infamante de pérdida de empleo, que el enemigo les ataque; será la Caballería la que ataque al enemigo”

Carga de caballería en el Rif

Una lluvia de balas cae sobre ellos, pero no evitan la brutal carga que se les viene encima. El choque es ensordecedor. Varios caballos del Regimiento son abatidos, entre ellos el del Sargento 2º Ignacio Fernández que cae ante los rifeños. Se levanta, y lejos de huir, saca su sable y se lanza contra el enemigo gritando:

¡Donde muere mi caballo, muero yo!”

Cuadro de Ferrer Dalmau que conmemora este hecho

Detengamos el tiempo justo ahí… es el momento que refleja esta obra de Dalmau: mientras aún sujeta las bridas de su caballo mira desafiante hacia los jinetes harkeños. El pañuelo con el que cubre su cabeza —muy típico del soldado español añadir elementos varios a la uniformidad reglamentaria—, su chacó (prenda de cabeza) por el suelo, el uniforme sucio del polvo, la manta, la tierra, la sangre… Y el sable reglamentario de caballería (el curvado) a punto de ser utilizado.

Sable de caballería española (1826)

Fernández, a pie, fue capaz de causar cuatro bajas al enemigo; pero recibe un tiro en la cabeza y cae desplomado.

Según el parte de campaña, le fueron ocasianadas 80 bajas a sus oponentes y solamente cuatro propias, un cabo, dos soldados y la del Sargento 2º Ignacio Fernández.

El Historial Manuscrito del Cuerpo recoge este hecho de la siguiente forma:

“Siendo digno de notar la heroicidad y valor con que se portó el referido Sargento Ignacio Fernández que, por su mano, mató cuatro infieles, y habiéndole muerto su caballo, se expresó en los siguientes términos: donde muere mi caballo muero yo” y, arrojándose sable en mano sobre el parapeto inmediato que ocupaban los moros fue víctima de un pistoletazo de sus adversarios”.

Por esta acción el Escuadrón, por R. O, de 21 de diciembre de 1.848, recibió diversas recompensas. El grito del Sargento Fernández se hizo famoso convirtiéndose en el lema del regimiento.

“Donde muere mi caballo , muero yo”

A su regreso a la Península el 4 de Enero de 1.849, desembarcando en Almuñecar (por causas meteorológicas), el escuadrón se dirigió hacia Algeciras, a fin de entregar sus caballos de dotación, que pasaban a formar parte del recién creado “Primero de Cazadores de África”.

El Regimiento “Numancia”, creado en 1707 fue disuelto en el año 2009.

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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