Las grandes batallas siempre han inspirado a los artistas, bien llorando las derrotas bien cantando victorias, cada uno a su manera, en un lienzo o en verso.

Y una de las grandes victorias de la historia fue, sin duda, la Batalla de Lepanto. Soldados de leyenda se batieron en aquellas aguas del Golfo de Corinto y consiguieron frenar, al menos durante un tiempo, las agresiones turcas por el Mediterráneo. No se trató solamente de una victoria militar, los logros fueron más allá, occidente se impuso a oriente y el cristianismo al islam.

ilustración iluminada del Manuscrito de Jerónimo Corte-Real (1533 - 1588)
ilustración iluminada del Manuscrito de Jerónimo Corte-Real (1533 – 1588)

Os dejamos aquí algunos fragmentos de los textos que Lepanto inspiró, acompañados de geniales obras de arte -e ilustraciones- que sobre los mismos hechos nos legaron artistas del pasado, y del no tan pasado.

A estos fragmentos de texto los hemos titulado: Cartas desde Lepanto

Muchos textos están extraídos de manuscritos u obras originales digitalizadas por la Biblioteca Nacional, las hemos intentado adaptar a lenguaje actual, de antemano nuestras disculpas a los puristas ;).

Don Juan de Austria, Gonzaga, Gil de Andrade, Sancho de Leiva, el príncipe de Doria, el de Parma, Duodo, Barbarigo, el príncipe de Urbino, Juan Cardona, Don Álvaro Bazán, con otros muchos caballeros de estirpe bien notoria, lanzaron sus navíos á la vela poniendo todos á Corfú las proas.

En la Galera Real iba enchufado el estandarte de la Liga, en popa, y en lucientes fragatas y otros buques la juventud pujante y valerosa compuesta de italianos y españoles como el conjunto de una raza toda, con una idea fija en su cerebro, nacida en los palacios y en las chozas; la lucha por la fe del cristianismo;

La lucha por el Dios de las victorias.

[ Victor García Olalla “Cervantes y Lepanto” (1905)]

Visión del Papa Pío V de la victoria de Lepanto (Museo Naval de Madrid)
Visión del Papa Pío V de la victoria de Lepanto (Museo Naval de Madrid)

 

(…) Y fue tal el golpe, que el espolón de la de su Alteza se rompió en mil pedazos. De lo cual fue libre la del contrario, porque siendo mucho mayor y más alta, le metió el espolón sobre el segundo o tercer banco.

En la galera de su Alteza, esperaban cuatrocientos arcabuceros venidos del Tercio de Cerdeña, los cuales estaban a cargo del Maestre de Campo Don Lope de Figueroa, allende de muchos caballeros valerosos que en ella van. Uno de ellos era don Bernardino de Cardenas y el otro don Miguel de Moncada, y habiendo Fe (como digo) evestidas las Reales, comenzó el Maestre de Campo (que permaneció de pie en proa) a moverse muy valerosamente con los suyos.

La Real enemiga se defendía de tal forma que no parecía que se pudiera abordar, a lo cual don Miguel y el Castellano Salazar hicieron gran obra matando gran número de trucos. Y como de una parte y de otra caía gente, acudió a esto don Bernardino de Cardenas, con tanta gallardía y valor -como ningún otro de la galera- consiguiendo llevar la lucha fuera de nuestra Real.

El fogón de esta galera estaba a cargo de don Pedro Catapa junto a sus arcabuceros, defendido tal y como se esperaba de semejante caballero. Desde la otra parte, Luís Carrillo se defendía, peleaba tan bien y con tanto valor que se mostró digno de mucho mayor cargo y así, su padre, el conde de Pliego que con don Luis de Córdova, don Rodrigo de Benavides, don Juan de Guzmán, don Felipe de Heredia, Juan de Sotto y Ruydíaz de Mendoza escoltaban al señor don Juan y al estandarte.

[ Jerónimo Costiol (1572) “Primera parte de la chronica del muy poderoso principe Don Iuan de Austria hijo del emperador Carlo quinto (…)” ]

Batalla de Lepanto por Giovanni Battista de Cavalieri (1572)
Batalla de Lepanto por Giovanni Battista de Cavalieri (1572)

 

Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, si no en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.

Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas a lo menos en la estimación de los que saben dónde se cobraron: que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga, y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella.

Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza; y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

[ Miguel de Cervantes Saavedra, “El Quijote” ]

Cervantes y don Juan de Austria (Museo del Prado) Cano de la Peña, Eduardo (1860)
Cervantes y don Juan de Austria (Museo del Prado)
Cano de la Peña, Eduardo (1860)

 

Llueven nocivas flechas venenosas con que muchos, al fin, pierden la vida. Los pesados alfanjes en las armas descargando su fuerza, el cielo atormentan.

Las limpias espadas afiladas en roja sangre ya todas se bañan. El joven valentísimo Duque de Parma (Alejandro Farnesio) esclarecido, osado y fuerte, dentro salta ligero, revolviendo su espada vencedora por doquier. Con señalados golpes va mostrando la virtud y el valor de su fortaleza.

Los turcos a sus pies tendidos quedan y las armas se tiñen de sangre. Los enemigos huyen de su furia, del vigoroso brazo y dura espada, tienen la muerte asegurada. Procura cada cual apartarse.

Cual águila real, con repentino vuelo, se abalanza sobre los turcos batiendo al aire sus recias alas como si cayese sobre un grupo de palomas amontonadas.

(…) La fama mira su bondad y esfuerzo y al mundo por mil bocas lo divulga.

[ Ieronimo Corte-Real, cauallero portugués. “Espantosa y felicíssima vitoria concedida del cielo al Señor Don Iuan de Austria en el golfo de Lepanto, de la poderosa armada Othomana, en el año de nuestra saluación de MDLXXII [Manuscrito]” ]

Representación en relieve de la batalla, de Giacomo Serpotta, en el Oratorio del Rosario en Santa Citta
Representación en relieve de la batalla, de Giacomo Serpotta, en el Oratorio del Rosario en Santa Citta

 

Hijo de Carlos Quinto el real soldado,

En años joven, en hazañas viejo,

De las hermosas por galán preciado,

Tenido por prudente en el consejo,

Y por fiero en las lides respetado;

De la sangre imperial claro reflejo,

Y á quien, nacido para empresas grandes,

Llamaba el turco y esperaba Flandes;

Don Juan, de Austria blasón, gala de España,

De la Liga al flotar de la bandera

De la ancha mar sobre la azul campaña,

La armada de la cruz llevó guerrera,

La prora vuelta al punto donde baña

Naciendo el sol la roja cabellera,

Y donde sobre el Bósforo galana

Se alza altiva Bizancio, la sultana.

[ Manuel Fernández González “La Batalla de Lepanto” (1850) ]

Los victoriosos de Lepanto (anónimo 1575)
Los victoriosos de Lepanto (anónimo 1575)

 

Estaban en esta agrupación, doscientas ocho galeras reales, seis galeazas, cuarenta fragatas, y bergantines, veintisiete naos bien cargadas de munición y soldados -al mando de César de Ávalos-

(…)

El de Austria estaba en la hermosa galera Real, que tres años antes había mandado terminar en Barcelona don Diego Hurtado de Mendoza -duque de Francavilla y virrey de Cataluña- de aquel liviano pino de los montes catalanes. Su popa la labró en Sevilla Juan Batista Valques, escultor, y la adornó de ingeniosas y varias historias y figuras egipcias Juan de Malara, hombre elegante, pulcro y docto en letras.

En estas galeras había mucha gente señalada por su nobleza y valor, y además de ochocientos aventureros españoles, había -por orden del rey- cien caballeros, capitanes y gentil-hombres. Juan en la Real, el Comendador mayor y don Fernando Carrillo -conde de Pliego- mayordomo mayor de don Juan y su caballerizo mayor don Luis de Cordova -comendador de Santiago y primo hermano de Gonzalo Fernández de Córdova- que había sido gobernador del estado de Milán y Capitán General de Lombardía.

(…)

Del sumo Pontífice había doce galeras, que eran las de Florencia, con su general Marco Antonio Colonna, caballero del Toisón de oro, gran codestable de Nápoles (…)

De Malta estaban tres galeras, cuyo general era Pedro Justiniano, prior de Mecina, con muchos caballeros de la religión, como aquellos que con particular cuidado profesaban enemistad con los Turcos.

Enmanuel Filiberto, duque de Saboya y príncipe de Piamonte, primo hermano del rey Felipe, que en nobleza de sangre real y antigüedad de grado y dignidad supera a todos los príncipes de Europa -que no sean reyes-, envió tres galeras con su general Monseñor de Leni, conde de Sofrasco, en cuya capitana iba el príncipe de Urbino con más de cien caballeros (…)

De Venecia se hallaban ciento nueve galeras, con su general Sebastián Vernier (…)

Tenían los venecianos suficiente número de gente para poder combatir sin los españoles e italianos que llevaba Juan de Austria.

[ Fernando de Herrera “Relacion de la guerra de Cipre, y sucesso de la batalla naval de Lepanto” (1572) ]

 

Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando tras la victoria en Lepanto, por Tiziano (1573 - 1575)
Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando tras la victoria en Lepanto, por Tiziano (1573 – 1575)

Tras la lectura de estos textos, tan afines en su temática como tan separados por los siglos, uno puede llegar a pensar que en un futuro -seguramente lejanísimo futuro- nuestro Juan de Austria y compañeros pudieran bien formar parte de un mito heróico como en su día lo fue Aquiles, Fénix, Áyax Telamonio o el mismo Odiseo… Lepanto, la Troya de nuestro pasado reciente, cuna de semidioses.



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