Los murciélagos han abandonado el campanario

Las víctimas se han desangrado

Rojas líneas de terciopelo sobre el ataúd

Bela Lugosi ha muerto…

 

Mecido por el suave movimiento del carruaje, cuya caja de madera cruje con los baches, el espectador avanza por un camino ascendente envuelto en la bruma, acompañado por el aullido de los lobos. En la alta cumbre de la montaña se levanta un castillo negro, como un gigante de piedra, visible a la luz de la tempestad. Circula la leyenda de que en este castillo, a cuyo pie corre turbio y espumoso un torrente, vive el último de una especie maldita. El último caballero de la Orden del Dragón Rojo; el voivoda de Valaquia… El Conde Drácula.

En la alta cumbre de la montaña se levanta un castillo negro...
En la alta cumbre de la montaña se levanta un castillo negro…

El pulso del espectador se acelera en cuanto salva el portón de madera claveteada y penetra en tal tenebrosa mansión. Descendiendo la escalinata lentamente, vestido con frac negro y capa de solapa escarlata y sosteniendo un candelabro que perfila en oro su figura, aparece el conde a dar la bienvenida:

-Yo soy Drácula.

Esta mítica imagen de la película rodada por Tod Browning (1931) -que inauguró la saga de aquellas formidables películas de terror de los años 30 y 40 del siglo pasado-, logró darle al personaje de Drácula las dotes de personalidad que tiene aun hoy en día. Y es que Bela Lugosi interpretó tan bien a este vampiro, que el legendario personaje le acabaría clavando sus colmillos en su cuello, bebiendo de su sangre y arrastrándolo al mundo de las sombras para siempre.

La legendaria imagen de Bela Lugosi como el conde Drácula

Nacido en 1882 con el nombre de Bela Ferenc Dezso Blasko, adoptó el apellido “Lugosi” a partir de su ciudad natal Lugoj, población a unos pocos kilómetros de Transilvania, en donde la leyenda del vampiro concebido por Bram Stoker era muy popular. Gracias a su presencia exótica, magnética y misteriosa, Lugosi consiguió convertirse en el rey del cine de Terror, e interpretó una serie de papeles exitosos siempre relacionados con el conde vampiro de Stoker.

Pero la implacable máquina arrolladora de Hollywood acabó por triturar a Lugosi. Se había encasillado totalmente, y sus papeles pasaron del vampiro sofisticado en aquellas películas inolvidables de terror gótico, a protagonizar cintas de serie B donde incluso se ridiculizaba al personaje. Ya en su etapa más delirante fue rescatado por Ed Wood, quien está considerado el peor director de la historia, para participar en unas películas de serie Z (y porque no hay más letras)
A medida que Lugosi fue perdiendo fama y nivel adquisitivo, también fue perdiendo la cordura.  Se volvió adicto a las drogas, y algunas noches salía a vagar por las calles de Hollywood vestido con su traje de conde Drácula, su frac de fiesta, su capa y su gomina, y molestaba a los transeúntes con sus desvaríos.

Poster de la película DRACULA de 1931

Finalmente, murió de un ataque al corazón en 1956, a la edad de 73 años. Lugosi fue enterrado con su atuendo de vampiro, por lo que muchos de sus fans (entre los que me incluyo) están esperando ansiosos a que se levante de su tumba con espíritu renovado, sediento de sangre, y salve el deteriorado panorama del cine de terror actual.
Para mí, Lugosi es el Drácula por excelencia. El resto han sido aproximaciones, con mejor o peor resultado. Ni siquiera dos titanes como Vincent Price o Christopher Lee llegaron a su altura.
La diferencia radica en que Bela Lugosi no interpretaba a Drácula; él era Drácula. Su persona se funde con el personaje de manera que no se sabe dónde acaba uno y empieza el otro. Fue un actor perseguido por la desgracia, por una maldición típicamente romántica, al igual que el personaje a quien dio vida. ¿O fue el conde Drácula quien le dio vida a Bela Lugosi?… Pues cuenta la leyenda que la noche de su muerte, un murciélago apareció revoloteando por los pasillos del hospital, salió por una ventana y se perdió en la oscuridad.

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