Las “costumbres” de algunas civilizaciones a la hora de tratar a sus enemigos albergan un inmenso abanico dentro de las formalidades entre los seres humanos.

Desde las formas más nobles, cuando se reconoce el valor del derrotado y se le deja ir; a las formas más inhumanas, cuando se le ejecuta y luego se exhibe su cuerpo sin vida. Pero aún hay cosas peores, sí… una de ellas, esta que aquí se muestra: mutilar a seres humanos y “decorar” cierto tipo de construcciones para conseguir un efecto psicológico.

Aquí os dejamos algunos de los “monumentos” que jamás deberían haber existido.

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restos de Cele Kula

 

1) Ćele-Kula de Nis

Serbia obtuvo la independencia del Imperio otomano tras varias revoluciones (entre 1804 y 1815) aunque os turcos continuaron dominando la capital, Belgrado hasta 1867.

Aquellas revoluciones revivieron el espíritu nacional serbio, así como en Europa Occidental lo fueron contra los franceses.

En tantos años de lucha muchos héroes cayeron en hazañas que aun se recuerdan en la memoria colectiva de este pueblo eslavo, una de ellas, dejó un recuerdo más allá de sus actos.

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Fortaleza de Nis (fuente: panoramio)

 

3.000 insurrectos serbios, mandados por el comandante Stevan Sinđelić quisieron tomar la fortaleza de Nis, cerca de la colina de Čegar, pero eran rechazados una y otra vez.

Cavaron trincheras desde las que asediaban las posiciones turcas alrededor, pero los turcos lograron alcanzar las zanjas y llegaron hasta este general, el cual, a punto de ser capturado, decidió disparar contra los barriles de pólvora que había en su posición, con el resultado de la muerte de serbios y turcos. Todos los hombres de Sindjelic perecieron ese día, 19 de mayo de 1809, en la batalla que llevó el nombre de la colina de Čegar.

 

Nada más terminar el combate, el valí otomano Khurshid Bajá, encargó la “recolección” de las cabezas de todos los serbios caídos que pudieran encontrar para ser insertadas en las paredes de una torre que había ordenado construir cerca de la fortaleza, en la villa de Nis.

La torre se conoció como Ćele-Kula, la “torre de las calaveras”.

En total, 952 cabezas fueron insertadas en las paredes de la torre.

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(Foto: bradtguides.com)

 

Tras la independencia se bendijo y se construyó una capilla en honor de estos héroes serbios. Hoy en día se conserva gran parte de esta torre en el interior de la misma. Es el símbolo de la libertad de Serbia.

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2) Burj al-Rus de Djerba

Tras la victoria naval turca de las fuerzas de italo-españolas, ordenadas por Felipe II, en Djerba (1560) en la que participaron los más sanguinarios corsarios al servicio del imperio otomano, como Uluj Alí o Dragut, al mando de Pialí Bajá. La -entonces recién edificada- fortaleza de Djerba (los Gelves) fue sitiada y los 5.000 españoles que la defendía fueron cayendo uno tras otro.

La flota otomana cae sobre Djerba
La flota otomana cae sobre Djerba

Los turcos solían negociar con los nobles que capturaban para obtener una buena suma (fue el caso de Álvaro de Sande que se encontraba al mando de un contingente de 3000 hombres que intentó defender la isla) pero con la tropa no tenían piedad.

Decapitaron a todos los españoles (la cifra va desde los 1.000 hasta los 5.000 según el cronista) y levantaron con sus cabezas una macabra torre: La Torre de las Calaveras.

torre-de-las-calaveras-colorHasta Lepanto, esta victoria, marcó el liderazgo de una flota en el Mediterráneo: la turca.

La infame torre no fue destruida hasta 1848 por orden del bey de Túnez, entonces aliado de Francia.

Un monolito marca el lugar en donde se erigía:

 

3) Torre de Karaiskakis

En noviembre de 1826, las tropas griegas lideradas por Georgios Karaiskakis derrotan a los otomanos en la batalla de Arájova.

Karaiskakis a caballo
Karaiskakis a caballo

 

El contingente turco estaba formado por un cuerpo expedicionario de unos 2000 soldados turcos y albaneses, de los cuales solamente pudieron huir 300.

Karaiskakis quiso darles un poco de su propia “medicina psicológica” y ordenó algo -que muchos historiadores griegos niegan -: levantar una torre en la que insertó 1500 cráneos de sus enemigos y en lo más alto, sobre unas picas, las cabezas de los comandantes otomanos Mustafa Bey, Kariofil Bey, Elzam Bey y Kehayam Bey.

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4) Minaretes de Bagdad de 1401

En 1392 el mítico líder turco-mongol Timur, también conocido como Gran Tamerlán, toma la ciudad de Bagdad derrotando al sultán Ahmad Jalayur.

Bagdad se sublevó contra su nuevo gobernador y, en 1401, el Tamerlán sitió la ciudad durante 40 días. La ciudad no se rendía, por lo que decidió el asalto a sangre y fuego.

 

Hombres, mujeres y niños fueron masacrados y decapitados. Y con sus cabezas erigieron minaretes para las mezquitas de la ciudad.

El asedio y toma de Bagdad fue narrado en el “Manuscrito de la Victoria”, conocido como Zafarnama, escrito en 1552.

timur-lowres-thumb-jpg-120554c49c737591b0fad90701be0520En este manuscrito aparece una ilustración acompañada de un texto que dice:

Cómo la fortuna y el destino

quisieron traer el temor a las mentes de los traidores

de una manera ordenada y numérica,

hicieron minaretes con las cabezas de los condenados Tavaajis

como una lección para los habitantes del mundo.

 

Para que ningún subordinado se atrevería a desafiar a los superiores

y ningún zorro actúa como un león, y amenaza a los reyes;

Bajo la demoníaca tentación del orgullo.

 

5) La torre de los criminales

Alaudín (Juna Khan) fue el segundo rey de la India de la casa Khilji, reinó entre 1296 y 1316 y fue el primer musulmán que gobernó ese territorio.

Tras asesinar a su tío y entrar en Delhi con la cabeza de este sobre una pica, se autoproclamó “rey de Delhi”. Poco después obtuvo una importante victoria sobre los mongoles asegurando su posición.

Persiguió, torturó y asesinó a cualquiera que pudiera representarle una amenaza, especialmente ensañándose con los miembros de la nobleza, incluso dentro de su misma corte. Alaudín quería ser como Alejandro Magno y dentro de sus delirios de grandeza ordenó que en cada conquista, las familias de los que osaran hacerle frente fueran ejecutadas, sin importar la edad.

La torre en una ilustración del siglo XVII
La torre en una ilustración del siglo XVII (Peter Mundy)

Solía cortar la cabeza de estos, al igual que la de los criminales comunes, y meterlas en los huecos de un minarete que ordenó construir para ese fin, esa torre se llamó: Chor Minar, la torre de los criminales.

La gran cantidad de ejecuciones practicadas acabó por completar la totalidad de los huecos de la torre, con lo que fue seleccionando las cabezas que colocaba en ellos -líderes enemigos, nobles traidores…- y el resto (según la tradición local) los iba apilando en pirámides putrefactas a los pies de la misma torre, en las arquerías que la sustentan.

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♠ Fuentes:

  • Itinéraire de Jérôme Maurand d ‘Antibes à Constantinopla
  • Los viajes de Peter Mundy en Europa y Asia, 1608-1667
  • Web del Museo Benaki

 

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