La resolución firme de afrontar todo riesgo, y aun la muerte por cumplir el deber, queda resumida en la expresión:

 «Hoy no es día de mojar la pólvora»

 

Pintura de Rafael Monleón (1847-1900) que representa el bombardeo de El Callao (Museo Naval de Madrid)

Esta se hizo popular a poco de pronunciarla el sereno capitán de fragata Victoriano Sánchez Barcáiztegui, al mando de la fragata Almansa, de 50 cañones, durante el combate de El Callao (2 de mayo de 1866), cuando le comunicaron por tercera vez que el fuego declarado a bordo se aproximaba al pañol de municiones, prefiriendo morir en la explosión, de no apagarse el fuego, a inundar de agua e inutilizar la pólvora necesaria para el combate.

El zafarrancho de combate había sonado a las 11 y cuarto de la mañana. Y sería ya a las 3 y media cuando saltó el aviso de incendio a bordo del Almansa. Les había alcanzado una granada de gran calibre. La cosa no pintaba bien, en pleno combate y el fuego podía alcanzar la munición… era indispensable anegar el pañol para no saltar por los aires, pero su comandante no lo autorizó, antes de mojar su pólvora prefería volar la fragata. Ocho palabras sencillas que demuestran que salieron de la boca de un guerrero y no como otras, rebuscadas para causar efecto (y la mayoría inventadas a posteriori).

(Museo Naval de Madrid)

Y no podemos dejar sin mencionar a todos aquellos marineros (la mayoría gallegos, como Barcáiztegui), heroicos tanto o más que su comandante, que heridos por la bomba que había causado el fuego, quemados y tragando humo, los que podían ponerse en pie condujeron munición, pólvora y cartuchos desde la batería alcanzada hacia una posición a salvo. Ni uno solo se retiró de su lugar, simplemente gritaban “¡Un Relevo!” Pero no se movieron de su puesto.

Marineros españoles durante el combate de El Callao. Detalle del Lienzo de Antonio Muñoz Degrain del Museo Naval de Madrid

Mientras trasladaban la munición, la fragata no dejó de hacer fuego saliendo balas y humo del incendio por las portas de sus baterías. Incendio que se había propagado de la batería dañada al antepañol de pólvora.

Lo que ocurrió fue que gracias a los marineros que retiraron la munición, y a la decisión del comandante de retirarse de la línea para extinguir el fuego, en 30 minutos estaba de nuevo la Almansa clavada en su sitio escupiendo hierro con mayor furia si cabe.

Grabado de la Fragata Almansa

Poco después del combate, D. Victoriano recibía esta nota, en la que se le ascendía a Capitán de Navío:

Señor Comandante de la fragata “Almansa”

El Excelentísimo Sr. Ministro de Marina, con fecha 20 de junio, me dice lo siguiente: Atendiendo al mérito contraído en el ataque del Callao por el Capitán de Fragata don Victoriano Sánchez-Barcáiztegui, Comandante accidental de la nombrada “Almansa”, la Reina (q.D.g.) se ha servido promoverlo al empleo de capitán de Navío.

—Lo que traslado a V. S. para su conocimiento y satisfacción.—

Dios guarde a V. S. muchos años. Fragata “Villa de Madrid”, Puerto de Río de Janeiro, 2 de agosto de 1866.—Casto Méndez Núñez

Escuadra del Mediterraneo en Barcelona” “Julio 1869” “Frag.ª Almansa” “F.ªTetuan” “F.ª Villa de Madrid” “F.ª Zaragoza” “F.ª Asturias”


 

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